Salón Mati

cortes y permanentes

domingo, mayo 01, 2005

El buen actor

Anoche en Film&arts, en el programa "Inside the actor´s studio", extraordinaria entrevista con uno de mis actores favoritos. Le tengo un poco de idea al gremio, yo. Me quedó ese desdén de Hitchkock, que solía rodar al grito de "Luz, cámara, ladren!" Reconozco que desprecio a la gran mayoría, pero cuando me gusta un actor me parece un ser superior, un artista de las mutaciones, me hago fanática de su secta, veo todo, lo bueno y lo malo que hicieron, se convierten en mi santo. Me pregunto por qué Martin Sheen (¡su verdadero nombre es Ramón Estevez!)no es considerado uno de los más grandes. En el reportaje cuenta cómo fue filmar "Badlands", la genial, poco vista película de uno de los monstruos del cine independiente norteamericano, Terence Malick. Malick dirigió también esa joya diminutiva que es "Days of heaven", Días de gloria. Y después de hacerla se replegó al anonimato, es un artista inhallable. Esto me hace pensar en que la genialidad norteamericana está en relación inversamente proporcional a la fama, ya tengo otro nombre al dúo de Salinger y Pynchon, de quienes existe una sola foto. La cuestión es que cuando Malick le ofreció el protagónico a Sheen, éste salió de su casa a la madrugada en su coche llevado por la euforia, en esas autopistas siempre transitadas a cualquier hora, iba escuchando "Desperation row" de Bob Dylan y simplemente estacionó en la banquina y lloró de felicidad por haber sido elegido. Sheen también contó anoche que en la escena inicial de "Apocalipsis", en la que hace karate con su sombra en un cuarto de hotel, él se encontraba completamente borracho. Era su cumpleaños ese día y había empezado a beber muy temprano, y que el pase en el que golpea el espejo y se lastima la mano, no estaba en el guión. No hubo truco ni doble: se lastimó la mano por nosotros, espectadores, y para la historia del cine. Esta es una forma de martirio y santidad moderna.