Salón Mati

cortes y permanentes

miércoles, mayo 04, 2005

La duración de la esperanza

Al llegar al trabajo, abro el diario digital. Primera noticia, algo inaudito, un juez de Mercedes ordenó la apertura preventiva de las cajas de seguridad de cuatro morosos impositivos que deben cada uno más de 10 mil pesos en impuestos. Me parece alentador. "La mejor manera de respetar al que paga es perseguir al que no paga", dice el gobernador Felipe Solá. Me digo, ¡Muy bien!. Una campaña moralizante se ha puesto en marcha para castigar por una vez a los evasores. No importa, me digo, que los peces más gordos no sean perseguidos. Estos morosos deben de todas formas. Y si bien diez mil pesos no son una suma sideral, hacen muchos recursos repartidos entre los hospitales y las escuelas. Tengo entonces una ensoñación anacrónica, caigo en un hechizo temático. Imagino la edificación de barrios obreros, calles de barrios con chalets, una fantasía social completa con todos sus detalles como los cuadros de Daniel Santoro. Y me ilusiono con la proyección, a lo Brecht, "después irán por los herederos de Yabrán y por Miguelito Romano y todos los de mi competencia, históricamente los mayores evasores hormiga de este país de pagos en negro, los garagistas que nunca dan boleta y se tragan tu iva, y por último con los psicoanalistas ricachones que pagan monotributo". Con la alegría del sacrificio, como un donante de sangre que salva al enfermo anónimo, me hago peronista durante una hora.
Tomo café y rueda la página. ¿Para qué? Más abajo leo que el gobernador niega haber cobrado sobresueldo cuando era secretario de agricultura durante la primera gestión de Menem. Cuesta creerle. "Ah, pequeño saltamontes! En este valle la esperanza es una sensación efímera."

martes, mayo 03, 2005

Buchecito semifredo

En "Confidencias", uno de los mejores programas del cable y de toda la tv (en Cosmopolitan), la colombiana Alessandra, una sexóloga completamente encantadora y sin ningún eufemismo, aconsejaba los buches de té tibio alternados con buches de cubitos a fin de lograr variedad durante la fellatio, "que a fin de cuentas tiene siempre el mismo sabor". Se lo recomiendo a una corresponsal de Madrid que anda por acá; el programa, le recomiendo. Digo,
—Habrá que volver a las palanganas.
Me mira muy seria,
—Ah, en España eso sí que no se estila.

Buda en el gimnasio

En el Megatlon de la avenida Juan B. Justo, todos están mascando fierro a las 8 de la mañana, salvo nuestro Bartleby. El llega muy temprano y despacha los aparatos de la planta baja en quince minutos y a la más baja intensidad, y sube la escalera de metal, se refugia el resto de su hora en las máquinas del entrepiso. Es de mediana estatura y está gordo como un lechón cebado por la granjera del Chanchito Babe. Y aunque debe andar por los treinta y cinco años, está condenado: el lo sabe y reconoce que su problemita ya no lo va a resolver. No tiene voluntad. La voluntad se le minó o, como diría el Vizconde Valmont, la perdió en sus viajes. En cuanto sube se sienta en el aparato de cuádriceps, es fácil, es de sentado; solo tiene que levantar las piernas flexionadas hasta la altura de las rodillas, el peso descansa en el rodillo que levanta con los empeines del pie y hasta puede agarrarse de dos manijas laterales para hacer más fuerza. Es inútil, no tiene voluntad salvo para negarse. Prefiere no hacerlo. A gatas lo levanta cuatro veces y se duerme, agotado, el resto de la hora. Es un muñeco Michelín, con su neumático de mayor circunsferencia justo a la altura de la cintura. Pero auténticamente se duerme, algo envidiable, un sueño profundo sentado en la máquina con todo el cuerpo arrepollado en sí mismo y agarrado de las manijas, a lo mejor sueña que se ejercita. El instructor lo bautizó el Buda. A veces alguno protesta porque ocupa la máquina en vano, pero es que no lo entienden. El Buda se despierta con puntualidad una hora después y se ducha, por lo mucho que ha sudado.

lunes, mayo 02, 2005

Las bolas y el viento, sucundúm

Algo está cambiando. No, en serio, es superimportante. Aunque el estilo se conserve, el contenido da un vuelco. En "La Nación" de hoy, un despacho del Foro Iberoamérica en Barcelona. El periodista mira por su ventana a los veraneantes en las playas de Barcelona y pondera a las "viejas aldeanas marchando todavía por la rambla adyacente a las arenas... Serían menos fisgonas si de verdad se escandalizaran por tantas muchachas en flor que retozan una desnudez sin complejos; Evas que hasta se despojan de la hoja iconográfica (o de parra). O si dejaran de mirar a ese barbudo corpulento. El hombre esponja con energía, como si nada, bajo la ducha a pleno sol, una masa testicular que no necesariamente un centinela de la moral pública habría inferido, por el conjunto de su humanidad, como más voluminosa que la del cerebro."
En otras palabras, en la rambla todos en pelotas. Y el cronista, de lo más cachondo. ¡Olas son las del Mediterráneo!

Tester

Estoy redactando un texto muy básico y simple a propósito del boom latinoamericano. Debe ser breve, una fórmula de álgebra. Anoto esta frase: "Argentina, un país cuya tradición literaria moderna hizo un dogma del desdén al color local, no ha tenido exponentes significativos de lo real maravilloso." Me detengo, Cortazar pasa por un pilar del boom, en particular "Rayuela". Ese mencionado desdén, me digo, es en su origen un hecho político, ¿hasta qué punto no es un rasgo profundo de identidad? Sin embargo, yo hago un dogma del desdén a la identidad. "El exceso de identidad engendra la guerra", le oí decir una vez a H. Libertella.
Sigo con el texto básico: "Casi como una profecía autocumplida de estas imágenes latinoamericanos, el boom no incluyó a brillantes autores de temática homosexual: Severo Sarduy, Manuel Puig, Reinaldo Arenas." ¿Esto es justo? Más básico todavía, ¿es exacto? Acepto sugerencias encantada.

domingo, mayo 01, 2005

El buen actor

Anoche en Film&arts, en el programa "Inside the actor´s studio", extraordinaria entrevista con uno de mis actores favoritos. Le tengo un poco de idea al gremio, yo. Me quedó ese desdén de Hitchkock, que solía rodar al grito de "Luz, cámara, ladren!" Reconozco que desprecio a la gran mayoría, pero cuando me gusta un actor me parece un ser superior, un artista de las mutaciones, me hago fanática de su secta, veo todo, lo bueno y lo malo que hicieron, se convierten en mi santo. Me pregunto por qué Martin Sheen (¡su verdadero nombre es Ramón Estevez!)no es considerado uno de los más grandes. En el reportaje cuenta cómo fue filmar "Badlands", la genial, poco vista película de uno de los monstruos del cine independiente norteamericano, Terence Malick. Malick dirigió también esa joya diminutiva que es "Days of heaven", Días de gloria. Y después de hacerla se replegó al anonimato, es un artista inhallable. Esto me hace pensar en que la genialidad norteamericana está en relación inversamente proporcional a la fama, ya tengo otro nombre al dúo de Salinger y Pynchon, de quienes existe una sola foto. La cuestión es que cuando Malick le ofreció el protagónico a Sheen, éste salió de su casa a la madrugada en su coche llevado por la euforia, en esas autopistas siempre transitadas a cualquier hora, iba escuchando "Desperation row" de Bob Dylan y simplemente estacionó en la banquina y lloró de felicidad por haber sido elegido. Sheen también contó anoche que en la escena inicial de "Apocalipsis", en la que hace karate con su sombra en un cuarto de hotel, él se encontraba completamente borracho. Era su cumpleaños ese día y había empezado a beber muy temprano, y que el pase en el que golpea el espejo y se lastima la mano, no estaba en el guión. No hubo truco ni doble: se lastimó la mano por nosotros, espectadores, y para la historia del cine. Esta es una forma de martirio y santidad moderna.